En Cuba, son los príncipes de la sociedad, pero…

Publicada Noviembre 24, 2010 in Sin Categoría

MARIELA PÉREZ VALENZUELA

                                                                            

Mientras los niños cubanos poseen suficientes razones para ser felices y este 20 de noviembre celebrarán su día con la seguridad que entraña residir en una nación donde se les considera los príncipes de la sociedad, en muchos otros países pequeñas y pequeños ni siquiera sabrán que esta jornada les es dedicada, pues amanecerán preocupados por trabajar para sobrevivir, en el mejor de los casos, si es que no les explotan sexualmente o los reclutan para las guerras.

La diferencia entre los niños cubanos y los de otras latitudes, es que en esta Isla del Caribe, pequeña por su dimensión pero inmensa por su humanismo, “…cada mes, cada día, cada hora, cada minuto, es el mes, es el día, la hora y el minuto del niño”, afirmó hace algún tiempo el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Cambiar la vida de ese gran tesoro que son los chicos, ha sido una constante en este medio siglo de Revolución. Por eso su vida es hoy tan distinta a la que tuvieron sus abuelos y muchos de sus padres antes del primero de enero de 1959, cuando había 600 mil niños cubanos sin escuelas, diez mil maestros sin trabajo y un millón de analfabetos.

Mientras 101 millones de infantes no acuden a la escuela primaria por diversas razones, la principal, ser pobres, en Cuba la preocupación en esas edades es estudiar y obtener buenas calificaciones, pues todos, sin distinción, tienen abiertas las puertas al conocimiento de forma gratuita, desde la enseñanza preescolar hasta la universitaria.

Inconformes con lo alcanzado hasta hoy en la educación, el país traza nuevas estrategias para continuar perfeccionando el sistema de aprendizaje, de manera que los alumnos hagan sus cursos con mayor calidad, lo que se garantiza con una mejor preparación de los profesores, la reducción a veinte de los educandos por aula, el empleo masivo de medios audiovisuales y de la computación.

Otra de las grandes conquistas de Cuba ha sido la reducción de la tasa de mortalidad infantil de 60 por cada mil nacidos vivos antes de 1959, a 4,8 por mil nacidos vivos en el 2009, lo que la ubica en ese indicador delante de naciones desarrolladas, como Canadá y Estados Unidos.

Tales resultados se sostienen en las masivas campañas de atención prenatal, y luego de nacidos los bebés, la inmunización con 13 vacunas, entre esa edad y hasta que acuden a la enseñanza primaria, con las cuales se eliminaron diversas enfermedades. Ello forma parte de un sistema de salud accesible, gratuito y con calidad.

En cambio, casi nueve millones de niños fallecen en el mundo cada año antes de cumplir los cinco años y otros dos millones están infectados con el VIH, virus causante del SIDA.

Las niñas y los niños son las mas pequeñas victimas del SIDA, bien porque son infestados, o porque quedan en orfandad debido a la muerte de sus padres a causa de la letal dolencia en las naciones pobres.

A pesar de las diversas investigaciones realizadas, hasta ahora el SIDA es incurable, pues aún se carece de una vacuna o tratamiento efectivo en su contra.

Los elevados precios de las drogas anti-sida para prolongar la vida de una minoría con posibilidades de costear los tratamientos colocan al resto de los enfermos en una especie de callejón sin salida.

Respecto al futuro de los niños, son muy pocos los que se atreven a predecir una esperanza. Investigaciones realizadas en Malawi señalan que la posibilidad de morir es 3,3 veces mayor entre quienes perdieron a sus madres, mientras en Zimbabwe, el 65 por ciento de los hogares se deshace cuando falta la presencia femenina.

Se estima que para el 2010 alrededor de 25 millones de niños menores de 15 años hayan quedado huérfanos de uno de sus padres o incluso de ambos a causa del VIH-SIDA, lo que representará casi una cuarta parte de los desprotegidos a nivel planetario.

Expertos atribuyen el incremento del SIDA en Europa del Este y Asia central al hecho de que hay más de un millón de niños de la calle, que en algunos casos deben prostituirse para poder sobrevivir.

Por otra parte, son mil 400 millones de personas las que sobreviven en la extrema pobreza y en ese grupo se incluyen los 129 millones de niños que subsisten con un peso corporal por debajo de lo normal.

El no tener una dieta adecuada ocasiona que los pequeños pierdan fuerza y sean más vulnerables a enfermedades prevenibles, que les causa la muerte, como neumonías y diarrea.

Cuando Cuba ratificó la Convención de los Derechos del Niño en 1991 las cuestiones de la infancia ya constituían una prioridad del gobierno.

Las guerras, la pobreza, desnutrición, violencia, terrorismo, torturas, pornografía, prostitución, las drogas, el trabajo, son situaciones que los niños cubanos desconocen, en momentos en que 215 millones de infantes trabajan en el planeta para sobrevivir, de ellos 115 millones en labores riesgosas o en condiciones de explotación y unos 300 mil son reclutados como soldados y utilizados en el tráfico de estupefacientes.

Si de por sí erradicar el trabajo infantil es una antigua deuda social que tienen los gobiernos con sus pequeños, esta situación se hace mas difícil de soportar cuando se les obliga a laborar durante muchas más horas de las que estipulan las leyes, y a cambio reciben una remuneración menor que los adultos por realizar una misma labor.

La brutalidad física, la grosería, el aislamiento, la intimidación y el acoso son algunas de las formas de violencia que sufren.

No debería haber razón alguna, pues ellos son el futuro de la especie, para que los niños padezcan hambre, no reciban educación o asistencia médica; carezcan de agua potable o las vacunas contra enfermedades prevenibles.

Y aunque hay naciones como Cuba, donde la voluntad política gubernamental y del pueblo han vencido los obstáculos impuestos en el orden económico, en muchas otras parece que las niñas y los niños están condenados, de antemano, a una muerte prematura.

Día Universal del Niño
En 1954 la Asamblea General recomendó (resolución 836(IX)) que todos los países instituyeran el Día Universal del Niño, fecha que se dedicaría a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo entero y se destinaría a actividades propias para promover el bienestar de los niños del mundo. La Asamblea sugirió a los gobiernos que celebraran el Día en la fecha que cada uno de ellos estimara conveniente. El día 20 de noviembre marca la fecha en que la Asamblea aprobó la Declaración de los Derechos del Niño en 1959 y la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989.
En septiembre de 2000, durante la Cumbre del Milenio, los líderes mundiales elaboraron los ocho objetivos de desarrollo del Milenio (ODM), que abarcan desde la reducción a la mitad de la pobreza extrema hasta la detención de la propagación del VIH/SIDA y la consecución de la enseñanza primaria universal para el año 2015. Aunque los objetivos del Milenio están dirigidos a toda la humanidad, se refieren principalmente a la infancia. El UNICEF nota que seis de los ocho objetivos incumben directamente a la infancia y que la realización de los dos últimos también traerá mejoras fundamentales a las vidas de los niños y niñas. (Objetivos de Desarrollo del Milenio, UNICEF.)
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