Emblema de la cosmovisión y la resistencia indígena

Publicada Noviembre 26, 2010 in Sin Categoría

MARIELA PÉREZ VALENZUELA

En el estado multinacional de Bolivia ahora flamean unidas como símbolos patrios dos banderas, la tricolor nacional, y la wiphala, (emblema en lengua aymara) de la Nación Andina, representante de la filosofía de los Whishwa-aymara, guaraníes, y de otros pueblos originarios. Es también, el emblema de la resurrección de una cultura que desde 1492 trató de ser aplastada por los invasores españoles.

Aún cuando en Bolivia hay grupos que se oponen al uso de las dos enseñas, por considerarlo innecesario, la wiphala es un atributo ancestral de los pueblos que ocupaban la parte andina de Suramérica y su empleo es anterior a la llegada a esos territorios de los europeos, que mataron a mas de 100 millones de indígenas durante la llamada conquista.

En departamentos como el separatista Santa Cruz han tratado de crear conflictos políticos por el uso oficial del pabellón andino, que confirma públicamente —según reciente ley gubernamental— el estado multinacional de Bolivia.

La whipala encierra el sentido de la cosmovisión de los andinos —luego devenida símbolo de la resistencia— desde hace mas de dos mil años, de acuerdo con investigaciones y excavaciones arqueológicas que encontraron restos de tejidos en áreas de los Andes.

En entrevista de prensa, el historiador aymara Fernando Huanacuni afirmó que la wiphala “es un símbolo que aparece en los keros (vasijas de cerámica) precolombianas de la cultura tiwanacota. Es un símbolo sagrado que denota nuestros principios y valores”.

También el experto Alejandro Quisbert afirmó en una publicación que la en apariencia sencilla bandera andina fue concebida con diferentes fines, entre ellos como un instrumento de medición astronómico y matemático. Los antepasados, explicó, lo habrían empleado para controlar los movimientos de la Tierra con relación al Sol y la Luna, lo que les permitía un efectivo control de sus cosechas y reproducción de sus animales.

Aunque muchos repiten que la bandera es propia de Bolivia, la historia demuestra que también era símbolo de los pueblos originarios de Colombia, Perú, Ecuador, Argentina, Chile y otros de Suramérica.

SECRETOS DE LA WHIPALA

La whipala representa la organización de la sociedad comunitaria y armónica de los pueblos asentados en Los Andes.

Constituye uno de los elementos más poderosos de la cosmovisión andina. Su lectura de manera correcta es un poderoso instrumento para la supervivencia de la especie y, se dice, los invasores jamás descubrieron los secretos de la bandera multicolor.

A partir de la invasión de España a Suramérica, y a pesar del carácter pacífico de los indígenas, ellos decidieron enfrentarse a los europeos para defender sus tierras y riquezas naturales. Entre los emblemas que portaron entonces estaba la whipala, que, desde entonces, representa la resistencia de esos pueblos a las clases que los han explotados durante cientos de años.

Lo que a simple vista parece una simple tela colorida, es en realidad un instrumento representativo de la filosofía y la cosmovisión de individuos dotados de una inteligencia superior. La whipala permite tres lecturas, una vertical, otra horizontal y la tercera diagonal.

Con una estructura cuadrada de 49 espacios, sus siete colores representan el arco iris, cada uno con su propio significado.

Una franja de siete cuadrados blancos encarnan las comunidades Markas y Suyus, o sea, la colectividad y la unidad geográfica y étnica de los Andes. Representa también la dualidad y el complemento de los opuestos, es decir, la fertilidad, la unión de los seres y el camino vital hacia la transformación de los humanos y la naturaleza.

Para los pueblos originarios andinos, los cuatro lados de la whipala poseen dos significados. Uno es el homenaje a los Cuatro Hermanos mitológicos —Ayar-kachi, Ayar-uchu, Ayar-laq’a y Ayar-k’allku— precursores del Pusintsuyu o Tawantisuyu que eran los cuatro estados organizados en los Andes, en la parte occidental de Awyayala, hoy América Latina,

Y también representan el calendario cósmico del pueblo Aymará-Wuishwa y las cuatro épocas del año, cuando se celebran igual número de fiestas: el invierno, o juyphi-pacha, el calor, lapaka-pacha, la lluvia, jallu-pacha, y la seca, awti-pacha.

Cada una de los colores de la bandera andina tiene su representación, en concordancia con los del arco iris.

El rojo, al planeta tierra; naranja, la sociedad, preservación y procreación de la especie, salud, medicina, educación y juventud; amarillo, energía y fuerza, doctrina del pacha-kama y de Pacha-mama, dualidad, leyes y normas de la práctica colectiva.

El color blanco indica el tiempo y a su dialéctica, transformación, el arte y el trabajo, la reciprocidad; el verde encarna la economía y producción andina, riquezas naturales, tierra y territorialidad, flora y fauna; el azul es el espacio cósmico, el infinito, expresión de los sistemas estelares y los fenómenos naturales; el violeta, expresión del pueblo y el poder comunitario, estados, organizaciones sociales, intercambio.

Pero la whipala que observamos en las manifestaciones callejeras no solo en Sur y Centroamérica, sino en cualquier país donde viva una mujer o un hombre de ascendencia indígena, esconde aún mas secretos.

El distintivo en sí es un calendario, que se puede leer de tres maneras complementarias; vertical, horizontal y de forma diagonal.

Su parte superior se identifica con el Sol (el día) y la inferior con la Luna (la noche). Mediante el cálculo matemático, los andinos preveían las fechas de los eclipses, los equinoccios y los solsticios.

Uno de los elementos claves —hay otros— que rigen la vida de los indígenas originarios y sus descendientes se encuentra en los cinco cuadros centrales de la bandera, y son los principios y valores morales del hombre y la mujer andinos. Se le conoce como la pentalogía de los amawt´a: “No seas flojo”; “No seas mentiroso”; “No seas ladrón”; “No seas asesino”; “No seas libertino”.

Este sagrado pabellón ha sido y es enarbolado por las clases explotadas, oprimidas, despojadas de sus culturas que ahora recuperan de manera soberana en muchos países suramericanos, donde por primera vez en siglos se les respeta y dignifica.

La unidad e igualdad, la organización y armonía del sistema comunitario andino que por siglos trataron de eliminar los europeos y luego las grandes oligarquías suramericanas se va tornando realidad, en concordancia con las sociedades modernas que respetan sus lenguas, sus formas de vida, es decir, su ancestral filosofía de observación de la vida y la Naturaleza.

Por eso, para los pueblos originarios es cuestión de honor que la whipala flamee en los lugares públicos en demostración de que los pueblos originarios continúan latentes y su cosmovisión mantiene su vigencia.

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