Niñas y mujeres son “premios” de la soldadesca
MARIELA PÉREZ VALENZUELA
La Habana. Nadie sabe con exactitud cuántas niñas y mujeres residentes en países involucrados en conflictos armados han sido víctimas de violaciones y otros abusos sexuales, pero quienes siguen de cerca este drama sitúan la cifra en millares.
Aunque situaciones de este carácter son difundidos a través de Internet –hay que tener en cuenta que la mayoría son ignorados por los medios – en la búsqueda de incidentes recientes salta a la vista el nombre de Jalida, una joven iraquí que huyó a Jordania luego de que tres policías le cubrieron el rostro con un saco, interrogaron, golpearon, desnudaron y violaron.
Comencé a sangrar y eso detuvo a un cuarto oficial que esperaba. Me metieron en un coche y me lanzaron sobre una acera en Bagdad, contó Jalida a Anna Badkhen, quien viajó a Bagdad con la fotorreportera Mimi Chakarova para conocer de cerca el sufrimiento de las mujeres en ese país árabe tras la invasión y ocupación de Estados Unidos hace ocho años.
La historia de esa muchacha, reproducida en el sitio web Canarias Semanal, es similar a las que casi a diario ocurren en Iraq, Afganistán y otras naciones en guerra, y en las que los grupos que trabajan por los derechos humanos confirman un incremento en los delitos contra el sexo femenino, incluidos los ataques sexuales.
AGRESIÓN SEXUAL: UN ARMA DE GUERRA Y DE DESTRUCCIÓN
Durante siglos, la violencia contra la mujer engloba diferentes delitos, que van desde la humillación, mutilación y violación sexual, hasta la prostitución y el embarazo forzados. Atentar contra el pudor e integridad física y psíquica de este sector humano es un hecho casi tan antiguo como la humanidad.
En los dos últimos siglos, el incremento de tales atropellos durante conflictos armados entrañan otra expresión de la discriminación femenina. En la actualidad, cuando hay varios puntos de conflictos bélicos en el planeta la situación de la mujer sigue siendo compleja. En algunas naciones ellas son consideradas un “premio” del bando ganador, o utilizadas como objetos sexuales para entretener a la soldadesca.
Acoso y degradación sexual, agresiones físicas y ofensas son algunas de las acciones más frecuentes contra ellas cuando se encuentran en medio de hostilidades bélicas, según el estudio “Las mujeres ante la guerra”, realizado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), organismo que capitanea una campaña para crear conciencia en los gobiernos y la sociedad civil sobre el negativo impacto que dejan estos hechos.
La investigación, con consultas en 72 países, señala que estigmas sociales, actitudes culturales o religiosas, traumas emocionales, malos tratos e impunidades históricas han hecho del agravio sexual un arma de guerra y de destrucción eficaz.
Datos obtenidos por el CICR revelan que en naciones en guerra o con conflictos recientes, uno de cada 10 encuestados conocía a alguien que había sido abusado por la soldadesca.
¿A que se debe la multiplicación de los abusos sexuales contra la población femenina, de cualquier edad, durante las guerras?.
Para expertos, tales ilegalidades son una extensión de las formas despreciables en que viven en tiempos de paz; la ausencia de protección a sus derechos por los Estados, y la impunidad de que gozan sus victimarios.
En Iraq, donde no hay leyes que las protejan, la mayoría de las atacadas prefiere callar ante al temor a otras represalias ya que, según publicó Canarias Semanal, los oficiales de las tropas invasoras desatienden las denuncias e ignoran los casos de agresiones sexuales.
Yanar Mohammed, una abogada y feminista iraquí que dirige en Bagdad la Organización para la Libertad de las Mujeres, estima que sólo en 2005 dos mil niñas fueron forzadas. ¿Cuántas mas lo habrán sido hasta ahora?.
Iraq es uno de los tantos países donde los soldados extranjeros abusan de las mujeres, tanto para “castigarlas” si realizan alguna actividad política e infligir el terror en la población. Psicólogos y sexólogos han verificado en tales escenarios que tales vejámenes dejan secuelas psicológicas para toda la vida.
Pero no solo la población femenina iraquí lidia con tan intimidante situación. A diferencia de otras naciones en iguales circunstancias bélicas, en Iraq las soldados estadounidenses que se alistaron para participar en una supuesta guerra contra el terrorismo, sufren atropellos sexuales infligidos por sus jefes o sus colegas de uniforme.
Reclutadas por el Ejército norteamericano han muerto o sido heridas durante enfrentamientos en Afganistán o Iraq. Sus nombres aparecen en la prensa y se les rinden los honores correspondientes. Sin embargo, pocas veces se reportan públicamente las fallecidas como resultado de agresiones sexuales o asesinadas por sus compañeros de tropa. Estos casos son reportados como “accidentes”.
En ese sentido, la congresista demócrata por California Jane Harman sostiene que “es más probable que las mujeres que sirven en las fuerzas armadas de Estados Unidos sean violadas por otros soldados que muertas por el fuego enemigo en Iraq”.
La opinión de Harman es corroborada por el Departamento de Defensa, que admite el silencio sobre un 80% de las violaciones que suceden en las fuerzas armadas porque las perjudicadas temen al castigo y la pérdida de sus carreras.
A la mitad de los casos informados, agrega, no le sigue una acción oficial, un tercio se descarta y sólo un 8% se envía a la Corte Marcial. La mayoría de los acusados reciben castigos leves.
VIOLENCIA CONTRA LA INFANCIA
Los conflictos armados impiden la asistencia a la escuela a 28 millones de niñas y niños, mientras quedan expuestos al peligro de ser atacados sexualmente, señala el informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo 2011, editado por la UNESCO.
Para Irina Kokova, Directora General de la esa agencia de la ONU, en muchos países las agresiones sexuales se han convertido en armas de guerra. La atmósfera de inseguridad y temor creada por ese tipo de acciones, sostiene, hace que muchos niños, y sobre todo niñas, se vean impedidas de realizar una vida normal para sus años.
Las víctimas más pequeñas de la guerra constituyen, por ende, la población más vulnerable.
Unos 250 mil niños y niñas mueren asesinados en conflictos armados cada año, 500 millones sufren explotación laboral, dos millones caen en las redes del tráfico sexual y esa misma cifra de pequeñas son mutiladas físicamente en el mundo, siempre según datos de la UNESCO.
En la República Democrática del Congo, por ejemplo, un tercio de las violadas son menores de edad, y de éstas, un 13% tiene menos de 10 años, aunque, precisa la UNESCO, es posible que el número real sea entre diez y veinte veces superior.
Las consecuencias de este tipo de terrorismo son devastadoras, pues, estima esa organización, “daña el potencial para aprender de las víctimas, crea un clima de miedo que hace que las niñas se queden en casa y lleva a la ruptura de muchas familias”.
Miedo, violencia, muerte. En los países en guerra, el reclutamiento forzoso u obligatorio de los pequeños y adolescentes (muchachas y muchachos) contradicen sus derechos a la vida y a permanecer junto a su familia. Tampoco pueden acceder a servicios de educación y salud, y a ser amparados contra los delitos sexuales.
¿Qué ocurre con el cumplimiento de las leyes internacionales que protegen de ese cruel destino a los niños, como El Estatuto de Roma (1998) y los Convenios de Ginebra?. Por supuesto que son letra muerta.
Se calcula que hay alrededor de 300 mil niños/as soldados que participan en conflictos armados en la actualidad.
Sesenta países firmaron en febrero de 2007 los “Principios de París”, un documento que los compromete a impedir la incorporación de menores a las tropas y, por el contrario, lograr su reinserción en la sociedad.
Los Principios de París se refieren especialmente a las niñas-soldados, quienes son atacadas sexualmente y, cuando retornan a la vida civil junto a sus hijos, con frecuencia resultado de relaciones forzadas, son rechazadas en sus comunidades.
LAS LEYES ¿PROTEGEN A LAS MUJERES O A LOS CRIMINALES?
Es frecuente que en estudios que mencionan la violencia sexual durante conflictos armados se les considere acciones habituales y normales, aunque están prohibidos por leyes y regulaciones.
Hay varias normativas internacionales para enfrentar la violencia contra la población femenina en tales escenarios, entre estos el Convenio de Ginebra, aprobado el 12 de agosto de 1949 para ayudar a quienes han vivido esos atentados físicos y morales.
De igual forma, la Declaración sobre la protección de la mujer y el niño en estados de emergencia o de conflicto armado plantea que “serán especialmente protegidas contra todo atentado a su honor, en particular, contra la violación, la prostitución forzada y todo atentado a su pudor”.
Este documento proclamó, entre otras cuestiones, que los Estados que participen en actos beligerantes, operaciones militares en territorios extranjeros u otros todavía sometidos a la dominación colonial, desplegarán esfuerzos para evitar a las mujeres, las muchachas y los niños/as los estragos de la guerra y garantizarán la prohibición de actos como la persecución, la tortura, las medidas punitivas, los tratos degradantes y la violencia, especialmente contra esos grupos sociales.
En 1998, durante su 42 período de sesiones, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas propuso que los gobiernos y la comunidad internacional adoptaran nuevas medidas para acelerar la consecución de los objetivos estratégicos de la Plataforma en esa esfera, incluida la incorporación de una perspectiva de género en las políticas y los programas pertinentes.
Entre los acuerdos alcanzadas hubo medidas orientadas a garantizar una justicia que considerara las cuestiones de género, atender a las necesidades y las preocupaciones concretas de las refugiadas y las desplazadas, y aumentar la participación femenina en el mantenimiento y la consolidación de la paz.
Sin embargo, pese a la existencia de estas y otras regulaciones nacionales e internacionales, la mujer, históricamente discriminada desde su nacimiento, continúa siendo considerada por las fuerzas beligerantes como un botín más.
Aunque las leyes se crean para ser cumplidas, la realidad demuestra grandes irregularidades, mucho más en tiempos de guerra. La triste situación en que sobreviven niñas, adolescentes y mujeres continuarán mientras no se sancionen severamente a los autores de acciones moralmente repudiables.




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