Infancia prohibida
Poco o casi nada ha cambiado la situación de la infancia en el mundo desde que hace un año, por estos días, expertos económicos coincidían en que son los niños las víctimas más pequeñas de la crisis económica global, la más profunda desde los años 30 del siglo pasado.
Este miércoles será un día igual que otro para millones de menores sin motivos para festejar.
Despertarán, como casi siempre, con la agonía de no tener muchos un techo estable, sin alimentos, sin la alegría de poder vestirse y tomar un cuaderno para ir a la escuela y, peor aun, con la responsabilidad de tener que salir a trabajar para ayudar al sustento familiar.
Históricamente discriminados, junto a las mujeres, los niños y las niñas son las víctimas más pequeñas de la pobreza, que solo en América Latina y el Caribe afecta hoy a casi 81 millones de menores de 18 años.
Para eliminar la pobreza en esas edades de sueños y fantasías es preciso invertir en la infancia y reducir las constantes desigualdades socioeconómicas, territoriales, étnicas y de género presentes en los países. No hay otro camino posible.
Si bien reducir la pobreza constituye un desafío social de este siglo, otros problemas, directamente relacionados con ese flagelo mundial, afectan a millones de infantes, entre ellos el hambre, el analfabetismo, la mortalidad infantil, las enfermedades trasmisibles, las guerras…
Pese al compromiso contraído por los líderes mundiales en el año 2000 para trabajar en un plan de acción para luchar contra la miseria, las cifras y hechos demuestran que falta mucho por hacer para salvar a la Humanidad de los flagelos sociales.
Se calcula que de los casi 215 millones de infantes de entre cinco y 17 años de edad que trabajan en el mundo, casi el 70 por ciento de ellos lo hace en tareas agrícolas; un 22 por ciento en el sector de los servicios y el nueve por ciento restante en la esfera industrial.
Sólo en África subsahariana cerca de 58 millones de ellos laboran, en ocasiones en actividades peligrosas para su edad como en la construcción o en las minas, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Tomás Vera Cruz, representante de ese organismo, denunció en una reciente reunión sobre Trabajo Infantil en los Países de Lengua Portuguesa, celebrada en Luanda, la capital de Angola, que los que más sufren con este problema son los infantes.
Significó que estos chicos, como el resto de los menores que trabajan para ayudar al sostén familiar, lo hacen en condiciones degradantes.
Si de por sí erradicar el trabajo infantil es una antigua deuda social que tienen los gobiernos con sus niños, esta situación se hace mas pesada de soportar cuando se les obliga a trabajar durante muchas más horas de las que estipulan las leyes laborales y a cambio reciben una remuneración menor que los hombres por realizar una misma labor.
La brutalidad física, la grosería, el aislamiento, la intimidación y el acoso, hasta, en casos extremos, el asesinato, son algunas de las formas de violencia que sufren.
Como consecuencia de la pobreza, la insalubridad y los trastornos ocasionados por pandemias como la malaria, el sida, la tuberculosis y otras, un niño que nazca hoy en cualquier país de África subsahariana, dice la ONU, tendrá una esperanza de vida de sólo unos 30 años.
A ello se agrega el sufrimiento en que viven los pequeños infectados por el VIH y los que quedan huérfanos a causa de la mortal enfermedad, para la cual no se ha encontrado un tratamiento eficaz.
El uso de niños en conflictos armados y en el negocio del sexo son otros ejemplos de violencia contra la infancia.
Aunque las cifras de los que son obligados a prostituirse son solo estimaciones aproximadas, se calcula que cada año casi un millón de menores cae en este negocio, entre otras razones, al estar sus padres obligados a venderlos ante la imposibilidad de mantenerlos.
CUBA TRABAJA POR EL BIENESTAR DE SUS NIÑOS
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba por Estados Unidos durante medio siglo no constituye un impedimento para que, aunque con las limitaciones que este provoca, el país trabaje tenazmente por el bienestar de sus niños y sus niñas, y posea indicadores de salud y educación propios de países desarrollados.
Una tasa de mortalidad infantil por debajo de cinco alcanzó la Isla en el 2010, inferior a la de naciones como Estados Unidos, donde, según UNICEF, ese país terminó en el último lugar en el 2007 entre las naciones con un nivel de desarrollo alto, en base a tasas de mortalidad infantil, bajo peso al nacer, vacunación y muertes por accidentes.
Prácticamente el ciento por ciento de los infantes cubanos están matriculados en la enseñanza primaria y secundaria, y se les ve feliz cuando cada mañana caminan hacia la escuela, los más pequeños tomados de la mano de sus padres, hermanos mayores o abuelos.
El Estado presta atención individual a las Escuelas Especiales para atender a los menores con necesidades educativas especiales, para que además de aprender a valerse por sí mismos, se incorporen a la vida en sociedad.
En Cuba existen una serie de leyes que los protegen, las cuales son resultado de la política mantenida por la Revolución, basada en la justicia social y la equidad.
La protección legal de los infantes está avalada en la Constitución de la República de Cuba, el Código de la Niñez y la Juventud, el Código Penal, El Código de la Familia, así como el Código de Trabajo, que fija la edad laboral a los 17 años.
La Isla también ha hecho suya la Declaración de los Derechos del Niño, la cual establece que los mismos puedan tener una infancia feliz y gozar de los derechos y libertades que en ella se plantean, a la vez que llama a los padres, a las autoridades locales y gobiernos de los países a que reconozcan esos derechos y luchen por su cumplimiento.
La política del Estado cubano, guiada por el precepto martiano de que los niños son “la esperanza del mundo”, ha estado encaminada desde los primeros años de la Revolución a la protección de los pequeños.
En ese sentido se ejecutan con éxito un grupo de programas y proyectos en las áreas de la salud, la educación, la seguridad social y otras, como el Programa Nacional de Atención Materno-Infantil, el Programa para la Reducción del Bajo Peso al nacer, así como el Plan del Control del Seguimiento del Crecimiento del Menor de cinco años.
En ese sentido, sobresalen también el Programa Nacional de Agua Potable y Saneamiento, el Programa Educa a tu Hijo, el Plan del médico de la Familia y el Programa de Atención Integral al Adolescente.
Los niños y niñas cubanos desde que nacen son vacunados de forma gratuita contra trece enfermedades transmisibles: poliomelitis, difteria, tétanos, tos ferina, sarampión, rubéola, paratoditis, formas graves de tuberculosis infantil, fiebre tifoidea, hepatitis B, haemophilus influenza, meningocóccica B y C.
Razones sobradas tienen nuestros pequeños para sentirse felices, no solo hoy, Día Internacional de la Infancia, sino todos los días, porque son ellos los que saben querer y nos alegran la vida.







Totalmente cierto
Julio 29, 2013