El papa Francisco en su gira suramericana
MARIELA PEREZ VALENZUELA
El Sumo Pontífice de la Iglesia de Roma visitó tres naciones suramericanas de fuerte presencia indígena –Ecuador, Bolivia y Paraguay- la pasada semana dejando una estela de esperanza entre los feligreses, a quienes, de una manera sencilla y respetuosa habló de la necesidad de ocuparse de los sectores más vulnerables de la sociedad, y advirtió a las oligarquías locales de los males ocasionados por la codicia y el enriquecimiento.

Siempre con la defensa de los pobres como prioridad en sus encíclicas de fe y moral y las misas ofrecidas, el Papa que quiso llamarse Francisco en homenaje a San Francisco de Asís, patrono de Italia y santo de los pobres, comenzó su gira por Ecuador donde, al igual que en Bolivia, hay gobiernos de corte progresista y popular, no así en Paraguay, donde precisamente en el 2010 un golpe de estado legislativo derrocó al exsacerdote y presidente Fernando Lugo por tratar de llevar adelante las ideas sociales que ahora proclama su Santidad.
Antes de la llegada de este Papa con una nueva oratoria más unida a los problemas terrenales en los que se ven representados los católicos, en América Latina –con 400 millones de seguidores de Cristo- se vio disminuida la presencia en los templos debido, en lo fundamental, a la falta de credibilidad en una Iglesia con centenares de casos de curas acusados de abuso sexual en niños y de corrupción en el Estado Vaticano.
Francisco, nacido hace 78 años en Buenos Aires, Argentina, es el primer latinoamericano en asumir las riendas de la Iglesia Católica, lo cual lo sensibiliza hacia una región subdesarrollada y de grandes contrastes sociales, en la que existen varios gobiernos cuyas políticas coinciden con los postulados eclesiásticos, mientras la derecha regional intenta desestabilizarlos y derrocar a sus presidentes.
La consumación de uno de esos golpes se materializó en Paraguay, mientras el presidente Rafael Correa ahora enfrenta la posibilidad de un golpe de estado orquestado por la oposición derechista encabezada por el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, y el mandatario indígena Evo Morales en varias ocasiones enfrentó situaciones similares de las que logró salir airoso gracias al apoyo de su pueblo y de las organizaciones de nuevo tipo surgidas en América Latina.
Francisco (Jorge Mario Bergoglio) quien determinó entregar su vida a Dios cuando tenía 21 años, fue designado en 2001 por el papa Juan Pablo II como cardenal del título de san Roberto Belarmino, con lo que ocupó el nivel superior jerárquico de la Iglesia católica argentina.
Durante su estancia en Ecuador, el Sumo Pontífice respaldó la lucha de la Revolución Ciudadana dirigida por el presidente Rafael Correa cuando dijo: “ustedes son un pueblo de pie, síganlo siendo” en referencia a los enormes avances de la política social de su gobierno, que logró rescatar de la pobreza en ocho años a más de un millón de personas, en especial indígenas discriminados durante siglos, y su actual lucha contra la reacción.
Según analistas, en sus homilías, brindó un espaldarazo al gobierno, al reconocer las luchas populares por una mejor existencia –denominada por Correa “el buen vivir”- y es un hecho que con su rechazo a la codicia del dinero también lo hizo a los opositores violentos que le hacen la contra.
En Bolivia hubo escenas muy parecidas a las ocurridas en Ecuador. Junto al presidente Morales participó en un Encuentro Mundial de Movimientos Sociales, donde escuchó sobre los principales problemas identificados que afectan a los pueblos y los desmanes del capitalismo, con el fin de que los haga llegar a las Naciones Unidas.
En la tierra del presidente de origen aymara, el papa hizo especiales llamados a la unión entre los pueblos y la necesidad del diálogo entre Chile y Bolivia por la salida al mar que reclama este último país. “Al diálogo y diálogo”, invitó el visitante, quien en más de una ocasión habló de la necesidad de la unión y no del descarte.
Precisamos construir puentes en vez de levantar muros, destacó Francisco, quien insistió en que “todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas y en todo caso nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución”.
En Bolivia se detuvo en la cárcel de Palmasola, en Santa Cruz, que alberga a más de cuatro mil hombres y 280 mujeres, casi el triple de su capacidad, por lo que es considerada de extrema peligrosidad. Sin embargo, las palabras del Papa resonaron en silencio absoluto de los presos, quienes le dieron un fuerte aplauso cuando afirmó que “reclusión no es exclusión”.
Paraguay, el último punto de esta visita pastoral, en la que los mensajes van dirigidos a los feligreses y no a los políticos, también lo recibió con alegría, a pesar de la lluvia que por ratos se esparció por Asunción, la capital. En ese país bilingüe –donde el 80% de la población habla guaraní- Francisco homenajeó a las mujeres paraguayas, quienes, dijo, levantaron una nación luego de la injusta guerra de la triple alianza entre 1865 y 1870. Los guaraníes lucharon contra Argentina, Brasil y Uruguay y su población masculina adulta fue prácticamente aniquilada.
Calificó a las féminas como “las más gloriosas de América” porque “tienen la memoria de aquellas que reconstruyeron su pueblo”. “Ustedes siguieron creyentes inclusive cuando todo parecía derrumbarse. Ustedes encontraron esa fuerza para que esta tierra no se desmadre”, afirmó.
Ante millares de fieles, el Papa pidió perdón y reconoció los horrores cometidos en nombre de la Iglesia Católica por el colonialismo español que diezmó a los pueblos autóctonos, pero cuya cultura y adoración por los dioses de su cultura milenaria se mantiene viva junto a los ritos del catolicismo en los tres Estados visitados.
Francisco también visitó el Hospital Pediátrico de Acosta Ñu, donde bendijo a los pequeños pacientes, aseguró a sus familiares que reza por ellos, pero sobre todo besó mucho y a muchos de ellos con enfermedades graves, dijo en una nota Prensa Latina. En esa nación también realizó dos misas campales con la presencia de millares de personas, una en el santuario de la Virgen de Caacupé en la provincia de Cordillera y otra en la Catedral de Asunción.
Han sido jornadas donde el discurso papal fue manejado con mucha habilidad en torno a los grandes males que aquejan la agenda regional y mundial, en asuntos fundamentales como la pobreza, la codicia, la corrupción, y la defensa del medio ambiente, con la identificación de los responsables del panorama nada halagüeño que presenta el futuro de la Humanidad.
Analistas consideran que en su doctrina, este carismático Papa ha logrado traspasar los vetustos salones del Vaticano para adentrarse con un mensaje de fe no solo en los hogares sino en lugares donde antes nadie quería escuchar las palabras de Prelados alejados de la realidad existencial de los seres comunes. De ahí la reconocida valentía de este Papa argentino ante la Curia de Roma, y con el que se podrá profesar o no la misma religión, pero que enfrenta los retos del siglo XXI con decisión, humildad y originalidad.
En Septiembre próximo, el Papa Francisco volverá a poner rumbo a las Américas, cuando visitará Cuba y luego seguirá viaje a Estados Unidos.




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