Inmigración obligada: una vergüenza para la familia humana
MARIELA PEREZ VALENZUELA
Aterrorizados por la violencia de las guerras en sus países, más de un millón de personas han huido por mar y tierra hacia Europa, en la esperanza de encontrar refugio y empezar una nueva vida. En la práctica, más de cinco mil fallecieron en las aguas del Mediterráneo o en los caminos de los Balcanes, la otra entrada a lo que muchos llaman “la tierra prometida” de Alemania como destino final.
Miles de imágenes de la tragedia que asola naciones otrora en paz y ahora diezmadas por los conflictos auspiciados por Estados Unidos y apoyados por Europa recorren el planeta, pero pocas muestran el horror de quienes llegan a su primer punto del camino –Grecia o Italia por el mar- o los inhóspitos parajes de la parte oeste de Europa.
Quienes huyen son oriundos de Libia, Siria, Iraq, Turquía, Somalia, Afganistán y otros puntos de los alrededor de 15 conflictos surgidos o intensificados en los últimos cinco años, victimas del terrorismo del llamado Estado Islámico, guerras intestinas, ataques de grandes potencias. Un caos creado por los bombardeos, asesinatos masivos de civiles, carencia de ayuda internacional. Un infierno del cual muchos huyen, en espera de la comprensión de la vieja Europa.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indicó a fines de octubre que casi tres mil migrantes fallecieron en el Mediterráneo hasta ese mes. A pesar del peligro de atravesar el océano en botes sobrecargados, los arribos por esa vía, afirmó la OIM, hasta ese mes eran de casi 558 mil personas. Entre los viajeros, hay millares de mujeres, niños/as, adolescentes y ancianos, las víctimas más vulnerables de esta tragedia.
La estampida humana
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), António Guterres, destacó que los conflictos armados –tanto intestinos como fomentados por naciones imperialistas- resultan la causa principal del éxodo de millones de personas, que este año, comentó, es la mayor estampida de seres humanos desde la Segunda Guerra Mundial.
“No habrá una reducción de la emigración hasta que aquellos que financian, arman y apoyan a las partes en los conflictos actuales superen sus diferencias y sus intereses enfrentados, logren la paz”, manifestó Guterres.
Además de las guerras impuestas a los pueblos, la desertificación, la sequía, las inundaciones y otros desastres naturales también afectan a millones de personas, por lo que la Cumbre del Clima propiciada por la ONU en París a fines de este año resulta esencial en la adopción de medidas para mejorar el clima y busquen soluciones para reubicar a quienes residen en zonas de alto riesgo ambiental.
Afectación gravísima para enfrentar la crisis humanitaria actual es la carencia de recursos financieros en la ONU y también del continente europeo, a causa de la crisis capitalista. Grecia es una de las naciones más afectadas en su economía, atada por el Consejo Europeo a implantar una serie de medidas neoliberales que tienen en delicada situación a sus ciudadanos.
El penoso camino de la emigración
La respuesta a los migrantes de naciones en guerra en el Medio Oriente es inhumana en algunos países, como Hungría, que alega carencia de condiciones para recibir a los viajeros. El ex país socialista del Este europeo levantó un muro fronterizo de gran altura para evitar el paso de quienes viajan hacia su destino final.
Hay una zona de libre circulación en Europa, llamada Schegen, a la cual se llega luego de atravesar Macedonia y Serbia, países de paso, ya que la inmigración busca asentarse en zonas más desarrolladas de la Unión Europea, como Italia, Reino Unido, Alemania y Francia.
Los dirigentes de esos Estados advirtieron que solo aceptarán a una parte de quienes accedan a sus fronteras, pues, según dicen, la situación los ha superado.
Además, en países que pudieran dar cabida a los emigrantes, han surgido grupos políticos y sociales que rechazan a los recién llegados, pues aunque siempre asumen los peores trabajos y menor remuneración, es un empleo menos para los nacionales. El sentimiento racista es además impulsado por partidos y grupos de derecha.
En Alemania, donde son crecientes los grupos neofascistas, se espera el ingreso –según la revista Bild- de más de un millón 500 mil individuos antes de que finalice 2015.
El negocio de la emigración
El antiguo refrán de “a río revuelto ganancia de pescadores” se hace patente en el llamado “negocio de la emigración” controlado en buena parte por grupos mafiosos enmascarados como organizaciones humanitarias. Son, en realidad, traficantes de personas con fines criminales, como la esclavitud sexual, el trabajo infantil, o tráfico de órganos.
Expertos en migraciones consideran que Europa y África debían trazar una estrategia común de desarrollo –una vez que las naciones hegemónicas detengan los conflictos y no propicien otros-, para que las naciones vivan en paz y ofrezcan oportunidades a sus ciudadanos.
Las olas migratorias de 2015, un revés inesperado para los fomentadores del terrorismo y el saqueo de recursos naturales –como ocurre en la África hambrienta- puede repetirse en el 2016. Basta con que continúen los métodos imperiales de dominación mundial.
fin
¿Quiénes pueden quedarse en Europa?
A grandes rasgos, los desplazados que inundan Europa son clasificados por las autoridades en tres grandes grupos: refugiados, migrantes económicos y los que huyen de las guerras.
La diferencia, aunque la prensa tiende a confundir la semántica, determina quien en términos legales puede quedarse o ser devuelto a su país de origen.
Las leyes internacionales indican que el refugiado se refiere a un grupo muy reducido de personas. Son aquellos que huyen de su país debido a temores de persecución fundados en la raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social determinado. Ningún Estado, aun si no es firmante de la Convención sobre los derechos de los refugiados de la ONU, puede devolver a una persona a un lugar donde su vida corra peligro.
Sólo el 54% de los sirios que solicitaron asilo en Europa en el 2014 fueron aceptados como refugiados. El resto puede ser enviado de vuelta a la zona de guerra.
“Migrante” es un término sin significado en el derecho internacional. El lenguaje común lo describe como personas que buscan oportunidades de trabajo. Los Estados no tienen ninguna obligación legal para con los migrantes: son libres para negarles la entrada o deportarlos. Así que cuando los políticos europeos generalizan a todos aquellos en sus fronteras como “migrantes”, ya formalizan que no se responsabilizan con esas personas.
En general, Europa mantiene una posición hostil tanto con los refugiados como con los emigrantes, y una prueba de ella la dio el primer ministro húngaro, Viktor Orban, quien escribió que su país debe “defender nuestras fronteras ” de las personas que fueron “criados en otra religión y representan una cultura radicalmente diferente”.
Una encuesta del 2014 reflejó que el 63% de los italianos, el 50% de los polacos, el 53% de los griegos, el 33% de los alemanes , el 27% de los franceses y el 26% de los británicos ven desfavorablemente la inmigración musulmana.
Mientras tanto, Hungría y Bulgaria están sellando sus fronteras con muros y vallas; Estonia, Macedonia y Ucrania tienen planes similares.
Pero mientras que algunos de los países más pobres y del antiguo grupo de países socialistas de Europa del Este rechazan a los desplazados, los Estados más ricos del continente son relativamente generosos, siempre de acuerdo con sus concepciones de explotación de una fuerza de trabajo barata, sin iguales derechos que sus nacionales.
La Unión Europea adoptó este año un plan para reubicar a 120 mil solicitantes de asilo, contra las objeciones de Hungría, Rumanía, República Checa y Eslovaquia.
Mujeres, las que más sufren en la emigración
Quizás nunca se conozca de manera exacta cuántas mujeres se han visto forzadas a dejar atrás sus hogares y desplazarse con sus hijos, esposos y otros familiares a otras partes de su país o más allá de las fronteras nacionales.

Son ellas y los pequeños, junto a los ancianos, los que poseen menos fuerza para atravesar los Balcanes o lanzarse en la odisea de un desvencijado bote para llegar hasta las costas de Italia o Grecia.
Encargadas están en esas travesías de proteger a los de menos edad, pero a veces en la odisea todos terminan ahogados, o vendidos a las mafias que se han organizado para después de cobrarles altos precios por el viaje, las esperan y trasladan para ofrecerlas en el mercado sexual. Muchos niños/a son dados a la venta para adopción o la utilización de sus órganos en otros pequeños.
El destino de las mujeres inmigrantes y sus familiares puede considerarse terrible. Quizás sobrevivan a los viajes pero no al destino que inescrupulosos les han trazado.
Es posible que jamás reencuentren a sus hijos y parientes.
Es la tragedia real de ser mujer en un mundo en el que tradicionalmente –mucho más marcadas en algunas religiones o tradiciones machistas- son preteridas y humilladas en su condición humana, y en el que en esta tragedia de la emigración forzada en el siglo XXI no puede ser diferente.






No Response to “Inmigración obligada: una vergüenza para la familia humana”