Infamia consumada

Publicada Agosto 31, 2016 in Mujeres, Politica

MARIELA PÉREZ VALENZUELA

Sin que se les moviera un músculo del rostro, siguiendo un guión escrito por las fuerzas de la derecha, 61 senadores federales de Brasil destituyeron a la presidenta legítima de ese país, la revolucionaria Dilma Rousseff, para dar paso a un gobierno ilegítimo dirigido por el corrupto político Michel Temer, quien este día inició un viaje a China, luego de su investidura oficial.

dilma

Con la destitución definitiva de la lideresa del Partido de los Trabajadores (PT), la partidocracia retrógrada da un golpe de Estado parlamentario a un proceso político que se distinguió por situar el país de más de 200 millones de habitantes en la cima de la integración latinoamericana, y colocar como prioridad programas sociales, a los cuales debía contribuir la economía, para sacar de la miseria a 68 millones de personas, más los 36 millones que alejó de ese flagelo y llevar salud pública y educación gratuita a los desposeídos.
El Congreso Nacional, tanto la Cámara Baja de los diputados, como la Alta, de los senadores federales, cumplieron a la letra el plan urdido por la oligarquía –que es decir los conservadores-, en componenda con los más oscuros intereses capitalistas sobre esta nación que llegó a ser la locomotora económica de América Latina y El Caribe.
Resultan ofensivas, por lo burdas y rebuscadas, las acusaciones no comprobadas hasta hoy contra Rousseff, una ex guerrillera de 68 años, que ha dado muestras de serenidad, cordura, defensa clara y sobretodo de su preocupación por el destino del poderoso país, ahora en manos del ilegitimo presidente Michel Temer, quien ocupó el cargo luego de que el pasado 12 de mayo Rousseff fuera separada del cargo por 180 días.
A pesar de los esfuerzos del abogado defensor José Eduardo Cardozo, para analistas estaba claro que era demasiado el dinero con que los capitales compraron a diputados y senadores, un 60 por ciento de los cuales –según autoridades federales- están de una u otra manera vinculados con procesos de corrupción, Temer incluido, que avergüenzan el panorama político brasileño.
El interés del imperio capitalista era deshacerse de la presidenta a cualquier precio, pues sus posiciones integracionistas, el importante papel del país en el grupo BRICS, y su digna actitud en la arena internacional contradicen los planes diseñados para Brasil en el mecanismo de recolonización norteamericano en la región suramericana con el derrumbe de los gobiernos progresistas y revolucionarios.
No es difícil predecir el futuro político brasileño, si se consideran las medidas neoliberales adoptadas, y las anunciadas por Temer y su equipo, entre ellas la suspensión de los programas sociales (Mi casa, mi vida, Mais Médicos, Bolsa Familia, entre otras), reducción de gastos públicos –entre ellos los competentes a sectores humildes-, aumentos en las tarifas.
El presidente ilegítimo, pues no fue elegido en las urnas, apenas esperó este jueves para tomar posesión del cargo, y alejarse de la reacción popular con un inmediato viaje a China.
Mientras recibe muestras de solidaridad llegadas desde distintos países de América Latina –Cuba, Ecuador, Venezuela, Premios Nobel de la Paz, líderes políticos- el abogado de la Unión y defensor de la Mandataria, José Eduardo Cardozo, advirtió que apelará la decisión senatorial, aunque analistas afirman que será un trámite inútil.
Cabe esperar qué medidas adoptará de ahora en adelante el PT, que tras 13 años de gobierno pasa a la oposición, así como las por ahora poco organizadas fuerzas de la izquierda local que aunque han dado muestras de rechazo al golpe carecen de una dirección única fortalecida.
Los próximos días esclarecerán el panorama político brasileño, y más de una traición política saldrá a la luz, en especial del Partido Movimiento Democrático de Temer y el de la Social-Democracia Brasileña, comandado desde las sombras por el presidente Henrique Jorge Cardoso, cuyo amigo y siempre perdedor político José Serra es ahora el Canciller del mandatario usurpador.

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