Niñas discapacitadas tienen igualdad de oportunidades en Cuba

Publicada Octubre 11, 2016 in Ciencia, La Isla grande, Mujeres, Politica

MARIELA PÉREZ VALENZUELA

Experiencias profesionales e historias de vida conmovedoras narradas en la voz de sus protagonistas y familiares –chicas, adolescentes y jóvenes cubanas con discapacidad– fueron escuchadas durante un Coloquio celebrado en La Habana en ocasión del Día Internacional de la Niña, que cada 11de octubre se conmemora desde 2011 con el objetivo de reconocer los derechos de ese grupo etario.

Acompañada por su madre y su abuela, la pequeña Sheila, diagnosticada con síndrome de Down, lució por primera vez su pañoleta azul la semana pasada, al igual que miles de pequeños en este país. Hiperactiva y juguetona, su madre cuenta que con tres años comenzó los ejercicios de fisioterapia en el hospital pediátrico Pedro Borras y hoy cursa primer grado en la escuela especial “Eduardo Montalvo”, del municipio Caimito. Junto a otros integrantes de la familia, madre y abuela están enfrascadas en la formación de esta niña cubana y agradecen el acompañamiento que han tenido de los especialistas.
Emely Betancourt, estudiante de duodécimo grado en el preuniversitario Arístides Viera, padece de glaucoma congénito. “Aprendí el sistema braille y he podido estar a la par de otros estudiantes sin problemas visuales. Decidí usar el bastón para actuar con independencia. Mis primeros tiempos en el Pre fueron algo difíciles, pues era la única persona con discapacidad, pero gracias a mis maestros de la escuela de débiles visuales “Abel Santa María”, que visitaban el Pre y le explicaban a mis compañeros de aula sobre mi condición todo fue cambiando, pues ellos comprendieron que éramos iguales”.
En las historias narradas por las madres de la pequeña de siete años Yeisiani, a quien le diagnosticaron enanismo, de Lía Alejandra (11años) con atraso en el desarrollo sicomotor, de Adriana, estudiante de secundaria básica a quien se le practicó un implante coclear, de Nayeli, débil visual; de Daniela (22 años), autista a quien su mamá llama “rayito de sol” y del papá de Cita (31 años), quien asegura vivir orgullosa de su hija “que no le teme a nada y aprendió a vivir en sociedad”, se confirma la dedicación y consagración de estas familias cubanas a sus hijas desde los primeros días de nacidas.
En ese sentido, Ivette Méndez Forns, Directora del Centro de Referencia Latinoamericana para la Educación Especial (CELAEE), resaltó la necesidad de continuar ponderando el papel de la familia en la atención de estos niños y niñas, así como la importancia de trabajar más con la sociedad y en el espacio en el que los mismos se desenvuelven y desarrollan.
Para la mamá de Lía, quien estudia en la escuela especial “Solidaridad con Panamá”, su hija nació con un reto por su discapacidad motora y es el de mejorar la movilidad, lo cual, apunta, ha logrado gracias al empeño de especialistas, la calidad humana de los profesionales médicos y docentes y la fuerza de la niña”.
“Cada día nacen niños con distintas discapacidades (físicas, intelectuales, motoras) y como padres necesitamos que se extienda esa calidad humana a toda la sociedad para cuando nosotros no estemos”, reflexiona.
Forns expresó que estas niñas tienen un autoestima grande , tras escuchar las historias de Emely, quien ayuda a su mamá en los quehaceres del hogar porque tiene una hermanita muy pequeña, de Lía y su gusto por la música, de Adriana, a quien sus sueños de aprender a nadar, a bailar y a dibujar se le han cumplido y hoy estudia inglés; de Nayeli, quien estudia en la educación técnica profesional y dice que “no conozco el significado de la palabra aburrimiento y soy feliz”, y de Cita, quien trabaja en el comedor de una escuela especial y está integrada en un proyecto para aprender psicoballet.
Durante el coloquio fue emotivo escuchar a la joven Daniela Olivero, quien cursa quinto año de la carrera Psicología Pedagógica. Esta linda muchacha contó que solo a los 17 años supo que era autista, estaba en el Pre y desde entonces se dio a la tarea de buscar información sobre una carrera que pudiera estudiar afín con su situación de salud.
“Cuando ingresé a la universidad me pareció que no sería tan fácil, hasta que me enamoré de la carrera con las prácticas de familiarización. En la actualidad estoy enfrascada en la preparación de mi tesis cuyo tema es “Las relaciones interpersonales del niño con autismo”, dice con orgullo mientras mira a su mamá, quién después de escuchar con atención a su hija recomendó a los padres estudiar y conocer mucho más sobre sus hijos, aprovechar las potenciales que tienen porque todos, sostuvo, tienen sueños y proyectos de vida.
No menos emocionante fue oír a Karina González Domínguez, débil visual licenciada en Ciencias Farmacéuticas y quien con un bebé de dos años en la actualidad cursa una Maestría. Karina habló de la importancia de la perseverancia para lograr lo que una se propone en la vida y resaltó las oportunidades que Cuba brinda a todas las personas, sin distinción.
El Coloquio celebrado este lunes en la Asociación de Pedagogos de Cuba contó con la presencia de Aimeé Betancourt Blanco, Oficial de programa de UNICEF, otros representantes de ese organismo internacional, del Ministerio de educación, y de la Asociación de Discapacitados de Cuba, entre otros invitados.
El encuentro sirvió para generar alianzas entre las instituciones participantes con vistas a sentar las bases de un enfoque intersectorial en la medición de la discapacidad infantil, el análisis de situación de los derechos de niños/as y adolescentes con discapacidad y su inclusión socio-educativa.
La pregunta que se hizo la directora del CELAEE bien pudiéramos planteárnosla todas: ¿Cuánto más podemos hacer para que estas personas puedan disfrutar más de sus derechos, a partir de nuestra experiencia profesional y también como mujer?

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