La ministra emplazó a Luis Almagro a ajustarse a sus funciones. | Foto: teleSUR

Vendido a los intereses injerencistas de Estados Unidos, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, está tensando las cuerdas para aplicar, si lo dejan, la llamada Carta Democrática Interamericana de esa obsoleta organización antiunitaria.

Almagro propuso la suspensión de Caracas de ese organismo regional, si el gobierno legítimo de Nicolás Maduro no convoca elecciones generales en un término de un mes, en una postura injerencista sobre los asuntos internos de uno de sus miembros, ya que están previstas para finales del 2018.

La postura del político uruguayo que una vez defendió la democracia cuando fue canciller del presidente José “Pepe” Mujica –quien después reconoció su error al proponerlo para su cargo en la OEA- no constituye una novedad, pues en mayo del pasado año también invocó la Carta Democrática contra la nación suramericana por iguales razones, sin que prosperara la moción ahora retomada.

Por su actitud conservadora e injerencista, Almagro es reconocido como un fiel aliado de Washington –quien sabe a cuenta de cuantos millones de dólares vendió una supuesta posición revolucionaria anterior. El jefe de la guerra derechista contra la administración socialista de Maduro es Estados Unidos, que en la práctica mantiene una amenaza de intervención militar a partir de la Orden Ejecutiva firmada por el exmandatario Barack Obama en la que considera a Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria para su país, la mayor potencia económica y militar del planeta.

La pretendida coacción del jefe de la OEA propicia la generación de un foco de tensión militar, en lugar de defender la moción por la paz regional suscrita por los 33 países miembros asistentes a la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en La Habana en 2014. Crítico de la gestión de Maduro, Almagro usó duras palabras contra el proceso bolivariano y pidió  “Aprobar la suspensión del desnaturalizado gobierno venezolano es el más claro esfuerzo y gesto que podemos hacer en este momento por la gente del país, por la democracia en el continente, por su futuro y por la justicia”, en el final de su informe de 75 páginas.

Pleno de críticas sin fundamentos, el excanciller de Mujica expresó en el texto que “Hoy en Venezuela ningún ciudadano tiene posibilidades de hacer valer sus derechos; si el Gobierno desea encarcelarlos, lo hace; si desea torturarlos, los tortura; si lo desea, no los presenta a un juez; si lo desea, no instruye acusación fiscal.

El ciudadano ha quedado completamente a merced de un régimen autoritario que niega los más elementales derechos”, Reacción venezolana Aunque la pretendida suspensión de Venezuela no depende de Almagro, la reacción de la administración venezolana, con su mandatario al frente, fue inmediata.

La canciller venezolana Delcy Rodríguez, acusó al ex canciller  de “dirigir los factores fascistas, extremistas, antidemocráticos y peligrosos de la derecha hemisférica contra el proceso político” de su país. A Almagro, precisó “lo mueve el odio contra el pueblo de Venezuela, y en su afán de intervenir al país, no le importa que sea afectada nuestra patria”.

Desde la Casa Amarilla, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, calificó de inadmisible la actitud del dirigente máximo de la OEA, quien ha recibido a familiares de políticos de derecha condenados a penas de cárcel por incitar a los actos subversivos de hace dos años, que ocasionaron más de 40 muertos.

También el presidente Maduro declaró inaceptables los términos de Almagro en su nuevo movimiento contra la Revolución Bolivariana, lo calificó de “traidorzuelo”, y advirtió que brindaría una respuesta a la nueva maniobra intervencionista en medio de los ataques de que es víctima el estado venezolano por la derecha internacional.

El apoyo regional a Venezuela también fue expuesta rápidamente tras la nueva agresión de la OEA contra un país que libra una batalla contra las corrientes conservadoras de América Latina lideradas por Washington, reforzadas en el último año con la victoria de Mauricio Macri en la presidencia de Argentina y el ilegal derrocamiento de Dilma Rousseff y su sustitución por Michel Temer.

Estos dos últimos países, junto a Paraguay, intentan expulsar a Venezuela del Mercado Común del Sur (Mercosur), del cual es miembro pleno, en un intento por aislarla en el continente, como en un momento también la OEA hizo contra Cuba. Aunque Almagro carece de poder para determinar el futuro de Venezuela en ese bloque regional al que también pertenece Estados Unidos, más de 225 movimientos sociales de América Latina expresaron su apoyo a Caracas y su repudio a la actitud entreguista e injerencista del bloque hemisférico.

A pesar de sus esfuerzos y su visible adversidad hacia el gobierno caraqueño, la suspensión de la nación suramericana no está en manos del Secretario General, pues para que se haga efectiva dos tercios de los 34 miembros deben votar a favor de la moción oficial. Dos naciones han sido expulsadas de la OEA: Cuba, en 1962, también por órdenes de Washington –y aunque se le solicitó su retorno por administraciones progresistas, el gobierno de la isla afirmó que jamás volverá a formar parte de ese mecanismo-  y Honduras, un corto período luego del golpe cívico-militar que derrocó al presidente legítimo Manuel Zelaya en 2009.

Analistas consideran que el movimiento contra la Revolución Bolivariana ahora tampoco prosperará, pues el gobierno venezolano recibió en mayo pasado la solidaridad y la simpatía de un alto número de países latinoamericanos y caribeños. El apoyo no es fortuito, ya que a partir del triunfo del fallecido presidente Hugo Chávez en 1998, Venezuela devino símbolo, junto a Cuba, de la solidaridad, la cooperación y la unidad de una región destinada a la integración y no a la formulación de luchas internas. Para analistas, como Luis Britto, la nación suramericana debió retirarse de la OEA desde que Almagro el pasado año realizó las frustradas maniobras para intentar expulsarla de su seno.