Presidente Maduro ofrece el poder al pueblo revolucionario

Publicada Mayo 9, 2017 in Politica

Mariela Pérez Valenzuela

En un nuevo intento por detener los violentos ataques de la derecha venezolana, el presidente Nicolás Maduro convocó a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) luego de la celebración de elecciones generales de donde saldrán los delegados a este mecanismo de cambio institucional y político.

 

Venezuelan President Nicolas Maduro talks during the official announcement of the decree calling for the rewrite of the constitution at the National Electoral Council (CNE) in Caracas on May 3, 2017. Venezuela's angry opposition rallied Wednesday vowing huge street protests against President Nicolas Maduro's plan to rewrite the constitution and accusing him of dodging elections to cling to power despite deadly unrest. / AFP / FEDERICO PARRA

El anuncio del Mandatario el pasado día primero está encaminado a frenar los intentos de golpe de estado en marcha contra el gobierno bolivariano, que ya dejó  35 muertos en las últimas semanas y un alto número de heridos.
Intransigente, los líderes conservadores intentan derrocar la Revolución por la fuerza y se niegan a sentarse en una mesa de conversaciones a la cual han sido invitados por el Ejecutivo, desoyendo el reclamo mundial y a figuras de la política y la Iglesia a favor de la paz.
Desde hace tres años, lo que ahora niegan pero hay pruebas que lo demuestran, los opositores exigen al oficialismo la convocatoria a una ANC con el presupuesto de que derrotarían al chavismo en las urnas. Querían comicios adelantados y ahí los tienen de la mano de Maduro.
En las primeras informaciones sobre el vuelco dado a la política interna, el Presidente explicó que la ANC, que profundizaría el legado político del fallecido mandatario Hugo Chávez, -y no destruirlo como predica la prensa conservadora- contará con 500 delegados.
De ellos, 250 serán seleccionados entre la clase obrera, los sindicatos y los movimientos sociales, y el resto en los territorios donde existen líderes comunitarios entregados a la defensa de los mecanismos revolucionarios.
Absoluta libertad para escoger a los candidatos a delegados por sus cualidades personales, ya que no se trata de elecciones de partidos, aclaró el Mandatario luego de dejar constituida la Comisión rectora de este proceso, dirigida por el ministro de Educación Elías Jaua y otras figuras que ya trabajaron en la ANC que redactó la Carta Magna de 1999.
A pesar de los buenos oficios del gobierno por alcanzar la necesaria paz en Venezuela –postura respaldada por la Cumbre Extraordinaria de Cancilleres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) reunida en El Salvador este mes- los conservadores no cesan sus ataques y llamados a la violencia callejera.
Analistas consideran en que los líderes de esa ideología agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) están entrampados en sus maniobras porque la instalación de una ANC, como querían, puede constituir su fin en el escenario venezolano.
Tendrán que librar una dura batalla con el chavismo que pretende, aun cuando para esa fuerza también constituya un riesgo la celebración de elecciones libres en el actual entorno nacional, lograr la pacificación del país bajo el signo de una nueva Carta Magna que armonice la función de los poderes de la República y ponga punto final a los planes contrarrevolucionarios.
Maduro le ha entregado el poder al pueblo, que será el que decida el destino de la Revolución Bolivariana y dará un corte a los planes de Estados Unidos de apoderarse del petróleo venezolano y retraer al país al neoliberalismo derrotado por Chávez cuando ganó las elecciones presidenciales en 1998. Desde entonces, Venezuela es otra.
Todavía los derechistas, y gran parte de politólogos que estudian la situación en la nación suramericana, no salen de su asombro. Jamás imaginaron que el presidente daría el histórico paso para detener la escalada diplomática y de violencia a que está sometido el país desde hace varios años.
Unos días antes, el gobierno chavista anunció su decisión de retirarse de manera definitiva de la Organización de Estados Americanos (OEA), un mecanismo regional dirigido por Estados Unidos que hostiga sin ocultar la falsedad diplomática al pueblo venezolano, al que intentó implantar la Carta Democrática, sin su permiso, y dejando abiertas las puertas a la intervención militar extranjera.
Muerto el perro se acabó la rabia. Y, luego de varias sesiones de discusiones en que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, trató de imponer por órdenes de Washington determinados castigos a Venezuela para aislarla del resto de América Latina, el gobierno de Caracas determinó la histórica salida del bloque que defiende los intereses de los grandes capitales regionales.
Dos fuertes golpes que reciben los planes de la retrógrada derecha venezolana y sus compinches de América Latina.
Venezuela, su gobierno y su pueblo revolucionario, están dando lecciones de dignidad y estoicismo al mundo. Inteligencia, valentía y decisión que, se espera, obtengan sus resultados en un futuro cercano para alejar la sombra de la injerencia externa en la soberana nación de Suramérica.

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