Invasión militar del Amazonas

Publicada Mayo 16, 2017 in Politica

Mariela Pérez Valenzuela

El extenso territorio del Amazonas, compartido por varias naciones suramericanas, será el escenario de las maniobras conjuntas de Brasil, Colombia, Argentina y Estados Unidos en noviembre próximo, en momentos de enorme tensión en esa zona transfronteriza.
La invitación al Pentágono fue cursada por el presidente brasileño de facto, Michel Temer, en lo que analistas consideran es la consolidación publica de la alianza de gobiernos neoliberales, aliados de Washington, que intentan dar una demostración de fuerza a sus vecinos.
De inmediato dieron el visto bueno a la cita militar, que permitirá a la soldadesca norteamericana conocer como podría desarrollarse un combate en la selva amazónica e identificar los pasajes fronterizos, los regímenes de Colombia y Perú, que junto a Brasil integran la Triple Frontera.
Analistas consideran que los involucrados subestiman la inteligencia de las fuerzas progresistas latinoamericanas, que han denunciado el peligro de las maniobras en una región sembrada de bases militares norteamericanas.
Aunque Brasil intentó restarle importancia a la cita que calificó de rutina, lo cierto es que resulta significativo el convite brasileño en momentos en que hay un peligro de injerencia militar contra Venezuela. Más aun. En su defensa, el Ministerio de Defensa brasileño argumentó que se trata de una preparación para actuar por razones humanitarias, el mismo argumento que esgrimen los críticos del proceso revolucionario venezolano para tratar de intervenir en los asuntos internos de ese país.
El centro del movimiento militar estará, según la Defensa brasileña, en la localidad de Tabatinga, en el Estado Amazonas, donde funciona una base del Ejército Nacional, colindante con el municipio colombiano de Leticia y próximo a la isla peruana de Santa Rosa.
Sin consultar con los organismos multilaterales de la región, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), Brasil se tomó el derecho de desplegar la operación “América Unida”, con duración de 10 días, en otra evidente demostración de fuerza contra sus vecinos revolucionarios.
El anuncio causó preocupación en medios políticos regionales, que acusan a Brasilia de proporcionarles conocimiento a los soldados de Washington sobre un escenario selvático desconocido para ellos, el cual podría ser utilizado en un futuro contra los gobiernos progresistas.
Estados Unidos posee más de 30 bases en la región latinoamericana y caribeña, las llamadas de respuesta rápida, compuesta con un mínimo de soldados dotados de modernos armamentos y capacidad de rápida movilización.
La triple frontera es un punto privilegiado para los movimientos militares concebidos en la actualidad por el Pentágono. Al norte de Tabatinga está Venezuela, declarada en 2016 por Estados Unidos como una amenaza inusual y extraordinaria en su contra y, por tanto, con posibilidades de ser atacada en cualquier momento.
Al sur de ese territorio brasileño, a corta distancia, aparece Bolivia, cuyo gobierno presidido por Evo Morales sufre las presiones imperialistas a partir de los cambios impuestos a los grandes consorcios internacionales que dominaban el país. Estados Unidos, mediante sus aliados internos, trató de sacar a Morales del Palacio Quemado mediante un golpe estadual neutralizado por Unasur en su momento.
A corta distancia, otro país codiciado por el imperio. Ecuador, que estrena a Lenin Moreno como presidente el próximo día 24, es también blanco de la codicia imperial debido a sus grandes reservas naturales.
O sea, que la presencia militar extranjera en la Triple Frontera es un peligro de grandes proporciones para la paz regional, cuya conservación fue planteada por la Celac en su II Cumbre celebrada en La Habana.
Aunque Brasil lo niega, observadores de la tensa situación latinoamericana consideran que la maniobra podría dejar sentada una base militar multinacional, capaz de moverse a alta velocidad y realizar escaramuzas de graves consecuencias en las naciones progresistas.
En protesta por los acontecimientos, el Consejo Mundial de la Paz declaró que “es sintomático que la invitación fuera hecha por Brasil (…) donde la población vive en post-golpe de estado, bajo políticas reaccionadas subordinadas al imperio y promovidas por el gobierno ilegítimo”.
En un comunicado firmado por su presidenta, Socorro Gomes, la organización precisa que “No es novedad que los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos en América Latina incluyen el control de rutas, recursos naturales y energéticos y la biodiversidad de la Amazonía”.
La región amazónica, llamada el pulmón del planeta, siempre ha sido codiciada por Estados Unidos, que persigue apoderarse de sus recursos naturales, se extiende por 6 000 000 de kilómetros cuadrados compartidos por nueve países. La mayor parte corresponde a Brasil y Perú, luego Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Guyana francesa y Suriman.
De población mayoritariamente indígena –incluso viven grupos humanos que jamás han tenido contacto con la llamada civilización occidental-  posee un enorme potencial acuífero (y ya se sabe lo que ocurriría con el agua en un futuro), enormes bosques portadores de riquezas madereras, plantas medicinales perseguidas por las trasnacionales farmacéuticas, aves y plantas aún desconocidas para el mundo científico.
Las riquezas del Amazonas son ahora inmedibles pero existen y son codiciadas por los grandes capitales que ven un filón para aumentar sus riquezas y garantizar su supervivencia cuando los cambios climáticos auguran un futuro incierto para la humanidad.
Economía y política se dan la mano en la ambición foránea cuya cabeza visible ahora es la llamada América unida, un botón de muestra de lo que ocurrirá en América Latina si triunfara la reconversión conservadora que ahora muestra sus garras con especial fuerza contra Venezuela.

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