MARIELA PÉREZ VALENZUELA En ocasiones, cuando camino por una de las calles de La Habana, siento a mi alrededor una tranquilidad esperanzadora. No es que la capital cubana sea una ciudad perfecta, pero posee esa cualidad tan cara a los seres humanos que es la paz, fomentada por una sociedad en que el individuo es el centro principal de las preocupaciones del Estado. La Habana donde vivo es, en el concierto de naciones del mundo, a diferencia de una gran mayoría, una pacífica urbe en medio del torbellino de violencias y guerras que azota al planeta. Los seres humanos […]
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